martes, 28 de mayo de 2013

Dictado

 
                                               La calle estrecha.

Había una vez un pueblecito donde las calles eran muy estrechas, tan estrechas que los vecinos que vivían en una acera podían darle la mano a los vecinos de la acera de enfrente.

Para que los animales pudieran pasar por las calles sin molestar a las personas, el alcalde había dado la orden de que siempre que pasara alguien con un animal fuera diciendo en voz alta: “Apártense, por favor”. Así, la gente tendría tiempo de arrimarse a la pared.

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